El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Cuando dice que soy un ladrón, Pete, miente usted. Puede matarme, pero yo seguiré diciendo que usted miente.
—¡No, no lo hará usted!
Frisco Kid se habÃa lanzado como un gato, para evitar un segundo puñetazo, tumbando de espaldas al francés de un empujón sobre el sollado.
—¡Deje usted al chico! —continuó, y desmontando la pesada caña de hierro del timón, se colocó, asà armado, entre ellos—. Esto ha llegado hasta donde debÃa llegar. ¿No ve usted de qué madera es el muchacho? Dice la verdad. Tiene razón y lo sabe, y aunque le matara usted, no cederÃa. Ahà va mi mano, Joe.
Se volvió hacia Joe con la mano tendida, quien se la estrechó a su vez.
—Eres valiente y no temes demostrarlo.
La boca de French Pete se torció en una pálida sonrisa, pero el brillo perverso de sus ojos la desmentÃa. Se encogió de hombros y dijo:
—Pero no querrás que le diga palabras de cariño. Eso son bromas de marino. Perdonemos y olvidemos, como decÃs vosotros, ¿eh? Muy bien; perdono y olvido.
Alargó su mano, pero Joe se negó a tocarla. Frisco Kid aprobó con un gesto, mientras French Pete, encogiendo aún los hombros y sonriendo, entró en la cabina.