El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler El tiempo y el mundo habÃan desaparecido para los dos muchachos, cuando la voz áspera de French Pete les arrancó del sueño en que se habÃan sumergido.
—¡Hala!, ¡arriba! —voceaba—. ¡Tú, Joe, aquÃ! ¡Suelta los tomadores! ¡Aprisa!… ¡Tú, Kid, el foque!
Joe, en la oscuridad, se sentÃa torpe, pues ignoraba los nombres de los objetos y los lugares donde se hallaban; pero se apresuró bastante y, cuando hubo echado los tomadores en el sollado, recibió orden de ayudar a izar la vela mayor. Después de esto se elevó el ancla y se colocó el foque. Luego recogieron las drizas y pusieron todas las cosas en orden antes de volver a popa.
—¡Muy bien, muy bien! —celebró el francés cuando entró Joe saltando por encima de la barandilla—. ¡Espléndido! ¡Tú harás un buen marino, estoy seguro!
Frisco Kid levantó la tapa de uno de los cajones del sollado y dirigió a French Pete una mirada interrogadora.
—Naturalmente —contestó éste—. Enciende las luces laterales.
El muchacho entró con la linterna roja y la verde en la cabina para encenderlas y después fue con Joe a colgarlas en los aparejos.
