El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler El resto de la flota seguÃa el mismo rumbo y viraba de idéntico modo. A veces, los otros bergantines se les aproximaban hasta casi tocarles, y ellos les saludaban y cambiaban algunas frases y bromas groseras. Pero en general el trabajo era duro, y, al cabo de una hora, a Joe le dolÃa la espalda, a causa de aquel ejercicio al que no estaba acostumbrado, y las manos le sangraban por los cortes producidos al manejar, falto de habilidad, las ostras de afilados bordes.
—Esto va bien —dijo French Pete aprobando—. Aprendes pronto. En seguida conoces el manejo.
Joe sonrió tristemente y deseó que llegara la hora de comer. De vez en cuando, al sacar una red poco cargada, los muchachos tomaban aliento y cambiaban algunas palabras.
—Aquello es la isla de los Espárragos —decÃa Frisco Kid señalando la costa—. Al menos con este nombre la conocen los pescadores y marineros, la gente que vive allà la llama isla de Bay Farm —y señalando más a la derecha—, y por allà está San Leandro. No se puede ver, pero está allÃ.
—¿Has estado alguna vez? —preguntó Joe.
Frisco movió la cabeza y le indicó que le ayudara a subir la red de estribor.
—A esto llaman ellos los bancos desiertos —volvió a decir—. No pertenecen a nadie. Los piratas van más allá a trabajar fraudulentamente.