El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Después de atar una cuerda a cada uno de estos aparatos, los hundieron en el agua desde los costados del Dazzler. Cuando llegaron al fondo y se arrastraron a una distancia conveniente, se moderó notablemente la marcha. Joe tocó una de las cuerdas y pudo percibir con facilidad los choques, las sacudidas y los rechinamientos que producían los dientes al arrancar fragmentos del fondo.
—¡Arriba! —gritó French Pete.
Los muchachos asieron la cuerda y subieron la red. Estaba llena de barro, lodo, ostras pequeñas y alguna que otra grande. Vaciaron este conjunto sobre cubierta y lo seleccionaron mientras la red seguía pescando. Las grandes echábanlas en el sollado y los escombros volvían a tirarlos al mar con una pala. No se daban punto de reposo, pues en seguida había que vaciar la otra red. Y una vez hecho esto y seleccionadas las ostras, tuvieron que halar a bordo los dos aparejos, a fin de que French Pete pudiese hacer girar el Dazzler.