El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler De las diversas cabinas de los bergantines salía humo, denotando con ello que todos preparaban la primera comida del día. En lo concerniente al Dazzler, esto ofrecía poca complicación. No tardaron en despachar y en seguida pusieron un rizo a la vela mayor y estuvieron a punto para levar el ancla.
Joe sentía curiosidad. Aquello debían ser indudablemente los bancos de ostras, pero ¿cómo era posible que con aquel mar embravecido pudiesen pescar? No tardaría mucho en saberlo. Levantando parte del entarimado del sollado, French Pete sacó dos bastidores de acero triangulares. En el vértice de uno de estos triángulos y en una anilla a propósito para ello sujetó un trozo de cuerda recia. Desde este punto los lados divergían, formando casi un ángulo recto, y se extendían hasta cuatro pies o más, donde se unían con el tercer lado del triángulo, que era la base del aparato. Éste consistía en un plato de acero llano, de una yarda de longitud aproximadamente, clavada en el mismo había una larga tira de agudos dientes, de acero también. A este plato dentado y a los lados del triángulo se unía una red de hilo de pescar muy grosero, la cual, como supuso Joe acertadamente, servía para recoger las ostras arrancadas del fondo del mar mediante aquellos dientes.