El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡El grandÃsimo loco! —gritó French Pete saliendo a escape de la cabina para ver mejor—. Alguna vez, ¡ah! Alguna vez, os aseguro que se estrellará si va asÃ, y hará ¡puf! Si va asÃ, ¡puf!… y no se hablará más de Nelson, ni de Reindeer, ni de nada.
Joe dirigió una mirada interrogativa a Frisco Kid.
—Bueno —contestó éste—. Nelson debÃa llevar al menos un rizo. Con dos, mejor aún. Pero ahà viene con todas las velas desplegadas, como si le persiguiera un enemigo. Se lanza demasiado; es muy temerario cuando no hay la menor necesidad de ello. Yo he navegado con él y conozco sus costumbres.
El Reindeer, como un gran pájaro, volaba hacia ellos, subiendo y bajando sobre la cresta espumosa de una ola.
—No importa —advirtió Frisco Kid—. Únicamente quiere probar cuánto puede acercarse a nosotros sin rozarnos.
Joe movÃa la cabeza, contemplando con los ojos muy abiertos el emocionante espectáculo. El Reindeer saltó en el aire, dirigiendo la proa hacia el cielo y mostrando la gorja violentamente sacudida; luego se precipitó hasta hundir la cubierta de proa en la espuma, y pasó por su lado vertiginosamente, faltando apenas un pie para que el botalón chocara contra el aparejo del Dazzler.