El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler AsÃ, reflexionando sabiamente, fijó sus ojos en el plato y dio buena cuenta de la comida; porque es imposible correr desde Cliff House hasta la Western Addition, pasando por el parque, sin hacerse reo de un saludable apetito. De vez en cuando su padre le dirigÃa miradas entre dulces e inquietas. Joe no veÃa estas miradas, pero no se le escapaban a Bessie. El señor Bronson era un hombre de mediana edad, corpulento y macizo, aunque no grueso. Su rostro, de mandÃbulas prominentes y facciones severas, aparentaba rudeza, pero sus ojos eran benévolos, y alrededor de su boca habÃa unas lÃneas que eran más efecto de la risa que de la seriedad. No era menester un examen más detenido para descubrir el parecido entre él y su hijo Joe. La misma frente despejada y la misma mandÃbula vigorosa les caracterizaban sus ojos, teniendo en cuenta la diferencia de edades, se parecÃan como guisantes de una misma vaina.
—¿Estás muy adelantado, Joe? —preguntó al fin el señor Bronson.
HabÃan terminado de comer y estaban a punto de levantarse de la mesa.
—¡Oh no puedo aventurarlo! —contestó con negligencia Joe—, y después añadió: —Mañana tenemos exámenes, entonces lo sabré.
—¿Y adónde vas? —le preguntó su madre cuando se volvÃa para salir.