El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Era una mujer esbelta y delicada, cuyos ojos oscuros eran iguales que los de Bessie, y como ella era de carácter dulce.
—Voy a mi cuarto —respondió Joe—. A estudiar para mañana.
Le pasó cariñosa la mano por el cabello, y se inclinó para besarle. Al salir, el señor Bronson le sonrió conciliador, y Joe subió corriendo la escalera, decidido a trabajar de firme y a aprobar en los exámenes del dÃa siguiente.
Entró en su habitación, cerró la puerta con llave y se sentó junto a una mesa arreglada de muy agradable manera para ser el estudio de un chico. Recorrió con la vista los libros de texto. El examen de historia era el primero que habÃa de celebrarse por la mañana, asà que comenzarÃa por esto. Abrió el libro por donde estaba doblada la página y empezó a leer:
«Poco tiempo después de las reformas draconianas, estalló una guerra en Atenas y Megara, por cuestión de la isla Salamina, sobre la que ambas ciudades pretendÃan tener derecho».
Aquello era fácil; pero ¿qué eran las reformas draconianas? HabÃa que mirarlo. Se sentÃa profundamente estudioso mientras volvÃa hacia atrás las hojas del libro, hasta que, al levantar por casualidad los ojos, vio una careta y un guante de base-ball encima de una silla.