El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Al llegar la noche se levantó de nuevo el viento y a las once habÃa alcanzado tal violencia que «aullaba», según la expresión de Frisco Kid. French Pete se levantaba y acostaba a cada momento. Dos veces que subió a cubierta, soltó la cadena y más cable. Joe, tendido sobre las mantas, escuchaba y esperaba en vano la llegada del sueño. No tenÃa miedo, pero no dominaba aún el arte de dormir en medio de aquel tumulto y de tan violentas conmociones. Nunca hubiese imaginado que un barco pudiera permitirse bromas tan terribles, sin perecer. Se revolvÃa con tal frecuencia que estaba seguro de que zozobrarÃan. Otras veces saltaba y se lanzaba en el aire para caer después sobre las olas con estrépito atronador, como si la carena se hiciera pedazos. Además, querÃa librarse del tirón de las guindalezas con brusquedad y fiereza tales que las sacudidas lo hacÃan vacilar y quejarse y protestar por todas sus ensambladuras.
Frisco Kid se despertó y le dijo sonriendo:
—Esto es lo que ellos llaman resistir. Pero espera que se haga de dÃa y ya verás cómo nos arrancamos. Si no se estrella ningún bergantÃn contra la costa, no entiendo yo nada de esto.