El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe se esforzaba con toda su voluntad en ordenar sus ideas. A su mente acudÃan en rápida sucesión todas las niñas que habÃan sido sus condiscÃpulas, las hermanas de sus conocidos y amigos; unas eran delgadas, otras gruesas; unas altas, otras bajas; de ojos azules y de ojos negros; de pelo rizado; morenas, rubias; en fin, una procesión de niñas de todos los tipos y clases. Pero no pudo decir nada acerca de ellas para salir del paso. Él nunca habÃa sido un afeminado, y no tenÃa por qué saber nada de ellas.
—Son exactamente iguales a las que tú conoces, Kid…, naturalmente.
—Pero yo no conozco ninguna.
Joe soltó un silbido.
—¿Y nunca conociste?
—SÃ, una, Carlotta Gispardi. No sabÃa hablar inglés y yo no sabÃa italiano y ésta murió. Aunque jamás conocà a ninguna, me parece que estoy tan enterado como tú.
—En cambio, creo que yo sé más de aventuras y correrÃas por el mundo que tú —replicó Joe.