El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —VenÃa a ver si podÃa ayudarte —se disculpó ella—. He terminado ya, y pensé…
—¡Claro que has terminado! —gritó—. ¡Siempre ocurre lo mismo!
Se sostenÃa la cabeza con ambas manos a fin de no apartar los ojos del libro. Pero la careta de baseball no le dejaba en paz. Cuantos más esfuerzos hacÃa para fijar la atención en la historia, más veÃa con la imaginación la careta de encima de la silla y todas la jugadas en que habÃa tomado parte.
Asà no harÃa nada. Prudentemente volvió el libro hacia abajo y se dirigió hacia la silla. Con un rudo empujón mandó violentamente careta y guante debajo de la cama, con tal fuerza que oyó cómo la primera rebotaba contra la pared.
«Poco tiempo después de las reformas draconianas, estalló una guerra entre Atenas y Megara…».
La careta habÃa rodado al chocar contra la pared. Se preguntaba si habrÃa sido esto suficiente para ocultarla y que él dejase de verla. No, no mirarÃa. ¿Qué importaba que se hubiese ocultado bien? Aquello no era historia, después de todo…