El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe asintió con la cabeza. Ahora lo veÃa todo. HabÃan ido a San Andrés, donde se hallaban las grandes canteras de su padre, y probablemente aquella caja de caudales contenÃa los salarios de los mil hombres que allà trabajaban. —No digas nada— le advirtió.
Frisco Kid convino sagazmente en callar.
—De todos modos, French Pete no sabe leer —indicó—, y es casi seguro que Red Nelson ignore tu nombre. Pero sea como sea, es una casualidad. Sin embargo, tan pronto como puedan la abrirán y se repartirán su contenido. ¿Qué piensas hacer?
—Espera y verás.
Joe se habÃa propuesto hacer todo lo posible para defender los intereses de su padre. Suponiendo lo peor, no cabÃa sino perder la caja; y esto es lo que sin duda hubiese ocurrido de no estar él allÃ; pero ahora tenÃa cuando menos una probabilidad de luchar para salvarla o ponerse en situación de poderla recobrar.
Las responsabilidades se amontonaban rápidamente sobre él. DÃas atrás no tenÃa que preocuparse sino de él mismo; luego, de una manera vaga, habÃa creÃdo tener ciertas obligaciones respecto del porvenir de Frisco Kid; después se habÃa dado cuenta de lo que debÃa a su posición, a su hermana, a sus camaradas y amigos; y ahora, por una inesperada serie de circunstancias, se presentaba la necesidad urgente de defender los intereses de su padre.