El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Aunque adelantes más —le explicó Prisco Kid—, nosotros estamos más cerca del viento. Y al fin les venceremos, aun cuando tuviesen el valor de cruzar la barra… que no lo creo. ¡Mira, mira! Por la proa se veÃan las grandes olas del Océano elevarse hacia el cielo y precipitarse en atronadoras montañas de espuma. En medio de ellas, mostrando unas veces la carena y hundiendo otras la cubierta cargada de madera, una goleta de cabotaje entraba en el puerto con gran dificultad. La batalla entre el hombre y los elementos era grandiosa. Cualquier temor que Joe hubiese podido abrigar desapareció, y empezaron a dilatársele las narices y a brillarle los ojos ante la inminencia de la lucha.
French Pete pidió los impermeables, y a Joe también le equiparon con uno que llevaban de reserva. Después le mandó bajar con Frisco Kid para que amarraran y sujetaran bien la caja de caudales. Estando en esto, Joe echó una ojeada al nombre de la sociedad, escrito con letras doradas en la parte anterior, y leyó: «Bronson Tate».
¡Cómo, aquello era el nombre de su padre y el del socio de éste! ¡Aquélla era su caja de caudales, su dinero! Frisco Kid, que estaba clavando la última grapa en el suelo, levantó los ojos y siguió la mirada de Joe. —¡Qué casualidad!— murmuró—. ¿No es tu padre?