El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Ah, mirad, mirad! —dijo French Pete, señalando a popa.
La goleta habĂa tenido miedo de aventurarse y rodeaba el extremo de la barra para alejarse de allĂ. La caza habĂa terminado.
El remolcador de los prácticos, que corrĂa a refugiarse del temporal que se aproximaba, volĂł por su lado como un pájaro asustado, pasando junto a la goleta, como si Ă©sta hubiese estado parada.
Media hora despuĂ©s el Dazzler salvaba la Ăşltima ola y se deslizaba por la vasta superficie del PacĂfico. El viento habĂa aumentado la velocidad, y fue preciso poner otro rizo al foque y a la vela mayor. DespuĂ©s viraron otra vez con toda facilidad sobre estribor, hacia las Farralones, treinta millas más lejos.
A tiempo de tomar el desayuno, alcanzaron al Reindeer, que estaba dando tumbos y tratando de alejarse de la costa. El timĂłn estaba amarrado y sobre cubierta no habĂa un alma.
French Pete lamentaba amargamente tamaña temeridad.
—Esta es una de las faltas de Red Nelson. No se preocupa, ni tiene miedo a nada. El mejor dĂa morirá, ¡oh, ya lo creo!