El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler El Reindeer habÃa perdido el foque y retrocedÃa a una velocidad vertiginosa y tan inclinado que parecÃa iba a zozobrar. Era aquél un espectáculo magnÃfico. Entonces fue cuando la tempestad estalló con toda su furia; el viento bramaba y batÃa las encrespadas olas de aquel hervidero. El Reindeer desapareció tras una ola inmensa, y un momento después, donde habÃa estado el bergantÃn los ojos espantados de los grumetes no vieron sino las aguas enfurecidas. Como dudaran todavÃa, volvieron a mirar. No se hallaba allà el Reindeer. Se hallaban solos en la atormentada superficie del Océano.
—¡Que Dios se apiade de sus almas! —exclamó solemnemente Frisco Kid.
Joe estaba demasiado horrorizado por la rapidez de la catástrofe para poder decir nada.
—Con el lastre que llevaba, se ha ido en seguida al fondo —pronunció casi sin aliento Frisco Kid. Luego prosiguió, atendiendo a la urgencia de su propia necesidad—: Ahora hemos de preocuparnos de nosotros. Después de esta ráfaga la tormenta se aplacará cuando cese el viento. Ayúdame con una mano y sostente con la otra. Procuraremos seguir adelante.