El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Se despidieron con un rápido apretón de manos, y Joe se fue corriendo calle abajo hacia la estación. El revisor le miró con sorpresa al taladrarle el billete. Y no era de extrañar, porque los viajeros no acostumbraban a viajar con botas de agua e impermeable. Joe no hizo caso, ni lo notó siquiera. Había comprado un periódico y estaba absorto en su lectura. Pronto encontraron sus ojos un artículo interesante.
«El remolcador Sea Queen, fletado por Bronson & Tate, ha regresado de una expedición infructuosa más allá de los Heads. No han podido obtenerse noticias acerca de los piratas que tan atrevidamente se apoderaron de la caja de caudales, en San Andreas, la noche del jueves último. El farero de las Farralones dice haber visto el viernes por la mañana dos bergantines alejándose de la costa en lo más fuerte de la tormenta. Las gentes del mar suponen que han perecido durante el temporal juntamente con lo robado. Se dice que, además de los diez mil dólares, la caja de caudales contenía documentación de suma importancia».
Cuando Joe hubo leído todo esto, sintió un gran alivio. Era evidente que nadie había muerto en San Andreas la noche del robo, pues de lo contrario hubiese habido algún comentario en el periódico. Así pues, todo iba bien.