El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Bueno! —advirtió el señor Bronson prudentemente—. Ha podido ser asÃ, pero también pudo no serlo.
—No comprendo.
Joe sentÃa una verdadera decepción ante la incompleta aprobación de su padre. Se figuraba que la restitución de la caja de caudales merecÃa algo más.
Era evidente que el señor Bronson comprendÃa lo que pasaba por Joe, pues prosiguió:
—En cuanto al asunto de la caja de caudales, mereces toda suerte de elogios Joe. Te has hecho acreedor a mi más completa confianza. El señor Tate y yo hemos gastado ya quinientos dólares en las tentativas para recuperarla. Era tan importante que hemos ofrecido también cinco mil dólares de recompensa, y precisamente esta mañana hemos considerado la conveniencia de aumentar esta suma. Pero, hijo mÃo —el señor Bronson se detuvo, poniendo afectuosamente la mano sobre el hombro del muchacho—, hay ciertas cosas en el mundo más importantes que el oro o los documentos que representando que con el oro no se puede adquirir. ¿Qué me dices de ti? Esto es lo interesante. ¿QuerrÃas vender ahora mismo las mejores posibilidades de tu vida por un millón de dólares?
Joe sacudió la cabeza.