El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Y el peligro y la hostilidad rondaban en el Abismo. Sus habitantes parecÃan resentirse de la presencia de aquellos extranjeros de la Colina. Rapazuelos mugrientos les insultaban al pasar, provocándoles con bravatas de ataque. Y al propio tiempo otros diablejos les seguÃan de cerca, formando una escolta ruidosa, que se iba haciendo más insolente según aumentaba en número.
—No les hagáis caso —advirtió Joe—. Sigamos adelante, sin darnos por enterados. Pronto habremos salido de aquÃ.
—No, aún hay para rato —dijo Fred en voz baja—. ¡Mira!
En la esquina más próxima habÃa cuatro o cinco chiquillos de su misma edad. La luz de una farola de la calle se derramaba sobre ellos y ponÃa de manifiesto a uno de cabellos de un rojo vivo. No podÃa ser sino «Brick» Simpson, el temible jefe de una banda terrible. Recordaban que habÃa conducido dos veces su banda a la Colina y habÃa sembrado el terror entre la gente joven, que huyó alocada a sus casas, mientras sus padres telefoneaban precipitadamente a la policÃa.
A la vista del grupo de la esquina la multitud que seguÃa a los tres muchachos se disolvió de inmediato, con aparentes manifestaciones de miedo. Esto sólo sirvió para aumentar su inquietud, pero continuaron resueltamente su camino.