El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Continuamente tropezaban con chiquillos de todas las edades. Mujeres con la cabeza descubierta y despeinadas charlaban a las puertas de las casas, o cruzaban por su lado llevando en un cesto colgado del brazo las mezquinas provisiones. Por todas partes se percibÃa olor de fruta y pescado en descomposición, de estiércol y podredumbre. Pasaban hombres con andar inseguro y niñas pequeñas y andrajosas atravesaban el barullo con precaución, sosteniendo en la mano jarras llenas de cerveza espumosa. Se confundÃan y mezclaban lenguas extrañas y dialectos, gritos estridentes, riñas y disputas, y todo el Abismo vibraba en un murmullo fuerte y sostenido, semejante al zumbido de una colmena humana, que es lo que era realmente.
—¡Ah, qué ganas tengo de salir de aquÃ! —dijo Fred.
Hablaba en voz baja, y Joe y Charley indicaron con un gesto asustado que estaban de acuerdo con él. No sentÃan deseos de charlar y caminaban tan deprisa como se lo consentÃa la muchedumbre, en el mismo estado de ánimo con que los viajeros cruzan una ciénaga peligrosa y hostil.