El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Se agazaparon en el suelo. No lejos se oía andar a alguien. Luego percibieron ruido de agua al caer, como si desde un grifo se llenara un cubo. A continuación oyeron acercarse unos pasos decididos. Se encogieron más aún, no atreviéndose a respirar de miedo.
Junto a ellos pasó una sombra, y apoyándose en una caja subió a la empalizada. Era el propio Brick, que preparaba la trampa. Le oyeron arreglar el listón y la piedra, luego enderezar el barril y vaciar en él un par de cubos. Cuando descendió para ir por más agua, Joe saltó sobre él, le derribó y le sujetó en el suelo.
—No hagas ruido —dijo—. Óyeme.
—¡Oh, eres tú! —replicó Simpson con un dejo de alivio tan evidente que también le hizo sentirse aliviado—. ¿Qué buscáis aquí?
—Buscamos la salida —dijo Joe—, el camino más corto será el mejor. Nosotros somos tres y tú sólo uno…
—Está bien, está bien —interrumpió el jefe de la banda—. De todos modos os la hubiera enseñado. No tengo nada contra vosotros. Seguidme, y en seguida estaréis fuera.
Pocos minutos después saltaron desde una empalizada de bastante altura a un sombrío callejón.