El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler No tardó en bajar; pero si Bessie le hubiese visto descender la escalera se hubiera asombrado ante las singulares precauciones que tomaba y las punzadas de dolor que a cada momento le contraían el rostro. Con todo, cuando lo encontró en el comedor se le escapó un grito de espanto y corrió hacia él.
—¿Qué te pasa, Joe? —le preguntó temblando—. ¿Qué ha sucedido?
—Nada —rezongó el muchacho mientras se azucaraba las sopas.
—Pero, seguramente…
—No me fastidies, te lo ruego —la interrumpió—. Es tarde y quiero desayunar.
En aquel momento, Bessie vio llegar a la señora Bronson y, aunque todavía intrigada, se apresuró a desaparecer.
Joe le quedó reconocido por esto a su madre y por haberse abstenido de hacer observación alguna respecto a su aspecto. Su padre le habría contado lo sucedido; esto era indudable. Estaba seguro de que no le fastidiaría con preguntas inoportunas, ya que nunca acostumbraba a hacerlo.