El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Anduvo directamente hacia la puerta y salió. Aquí sus admiradores se detuvieron asombrados. Joe volvió la esquina y se perdió de vista. Caminó sin rumbo fijo durante un buen rato, hasta que dio con los rieles de una línea de tranvía. Un coche procedente de la ciudad baja acababa de parar para que bajaran los pasajeros. Joe montó en él y se ocultó en un rincón del asiento exterior. De pronto notó que el coche daba la vuelta sobre la plataforma giratoria y se sintió arrebatado rápidamente. Ante él se hallaba el enorme edificio del embarcadero. Sin haber visto ni oído nada había cruzado por el corazón del barrio de los negocios de San Francisco.
Dirigió una mirada al reloj de la torre. Era la una y diez; tenía tiempo suficiente para coger el barco de la una y cuarto. Esto lo decidió y, sin la menor idea de lo que hacía, pagó los diez centavos del billete, atravesó la puerta y pronto se halló cruzando velozmente la bahía, en dirección a la linda ciudad de Oakland.