El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —No, todavÃa es pronto, aún no tienes alas. No estás suficientemente formado ni has fijado del todo tus ideas, ni tus opiniones.
—Pero no podré estudiar —aseguró Joe—. Yo sé que no podré estudiar.
El señor Bronson consultó el reloj y se levantó para marcharse.
—TodavÃa no he tomado ninguna determinación —dijo—. Ignoro aún lo que haré, si concederte otro plazo de prueba en tu escuela pública o mandarte a la escuela militar.
Junto a la puerta se detuvo un momento, se volvió a mirarle y le dijo:
—Acuérdate de esto, Joe. No estoy enojado contigo; antes bien, siento pesadumbre y tristeza. Piénsalo bien, y esta noche me dirás lo que has decidido.
El señor Bronson salió, y Joe oyó cerrarse tras él la puerta de la calle.
Se tumbó en la enorme butaca y entornó los ojos. ¡Una escuela militar! TemÃa esta clase de instituciones tanto como el animal teme la trampa. No, ciertamente, él no querÃa ir a un sitio semejante… Sólo de pensarlo suspiró profundamente. TenÃa tiempo hasta la noche para decidirse. Pues bien; ya estaba decidido y no era menester esperar hasta la noche.