El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Tú no comprendes, padre, no puedes comprender! —prorrumpió Joe al fin—. Trato de estudiar… quiero estudiar honradamente; pero… no sé por qué causa… no puedo. Tal vez no tenga aptitudes. Tal vez no he nacido para el estudio. En cambio, quisiera ir por el mundo; ver la vida… y vivir. No quiero ir a una academia militar; prefiero embarcarme… y hacer alguna cosa, llegar a ser algo.
El señor Bronson le miró con benevolencia.
—Sólo mediante el estudio tienes la esperanza de hacer alguna cosa y llegar a ser algo en el mundo —dijo.
Joe levantó la mano con un gesto desesperado.
—Ya sé lo que pasa —continuó el señor Bronson— pero no eres sino un niño, semejante a este pajarito que estábamos contemplando. Si en casa no tienes bastante fuerza de voluntad para estudiar, saldrás de casa, y fuera, en el mundo que crees que te está llamando, tampoco tendrás el dominio suficiente para llevar a efecto las obligaciones que el mundo impone… Pero yo quiero, Joe, que cuando termines la segunda enseñanza, y antes de ingresar en la universidad, vayas una temporada a conocer el mundo.
—¿Por qué no me dejas ir ahora? —preguntó impulsivamente el muchacho.