El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe Bronson saboreó aquella cena. La comida era tosca pero buena, y el olor del agua salada y el ambiente que le rodeaba aviváronle el apetito. La cabina era limpia y acogedora, y, aunque no muy grande, le sorprendió por las comodidades que reunÃa. No se habÃa desperdiciado el más pequeño espacio. La mesa se balanceaba pendiente de los goznes en la caja de sobrequilla, y cuando no se usaba, no ocupaba sitio. A cada lado, y en parte debajo de la cubierta, habÃa dos camarotes. Una lámpara de bronce brillantemente pulimentada les procuraba luz, que durante el dÃa se obtenÃa a través de pequeños discos de grueso cristal empotrados en las paredes. A un lado de la puerta se hallaba la cocina y el cajón de la leña, al otro la alacena. La pared del fondo de la cabina estaba adornada con un par de rifles y una escopeta de caza, en tanto que las mantas arrolladas del camarote del capitán dejaban al descubierto un cinturón forrado de cartuchos con dos revólveres.