El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Oyó un crujido de maderas, y la enorme vela mayor fue izada en la noche. Bill desató la bolina, el Londinense se acomodó en la popa y Frisco Kid soltó el foque, mientras French Pete empuñaba la caña del timón y el Dazzler, aprovechando la brisa, se dio a la banda, en busca del canal de salida. Joe oyó algo de no encender las luces laterales y de observar una estrecha vigilancia, pero todo lo que pudo comprender fue que se estaba violando alguna ley de navegación.
Las luces de Oakland, más próximas al agua, empezaron a quedarse atrás. Pronto las manchas sombrías de los terrenos pantanosos comenzaron a interrumpir las líneas de los muelles y de los barcos oscuros, y Joe comprendió que se dirigían fuera de la bahía de San Francisco. El viento norte soplaba blandamente y el Dazzler cortaba sin ruido las aguas rodeadas de tierra.
—¿Adónde vamos? —preguntó Joe al Londinense, tratando a la vez de hacerse amable y de satisfacer su curiosidad.
—¡Oh, vamos a tomar un cargamento de la fábrica de mi socio Bill! —repuso alegremente, con cierta dignidad.