El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe pensó que era un individuo de aspecto bastante grotesco para poseer una fábrica; pero consciente de que en el mundo nuevo donde acababa de penetrar podÃan encontrarse cosas muy raras, no dijo nada. Ya se habÃa puesto en ridÃculo ante Frisco Kid con el asunto de su pronunciación de «castillo de proa», y no tenÃa el menor deseo de poner otra vez de manifiesto su ignorancia.
Un poco después le mandaron apagar la lámpara de la cabina. El Dazzler viraba de bordo y empezó a maniobrar en dirección a la costa norte. Todos guardaban silencio, interrumpido tan sólo al cruzarse ocasionalmente preguntas y respuestas, en voz baja, entre Bill y el capitán. Finalmente, el bergantÃn fue dirigido cara al viento, y el foque y la vela mayor se arriaron prudentemente.
—Acorta la guindaleza —murmuró French Pete a Frisco Kid, quien corrió a echar el áncora procurando soltar la menor cantidad posible de cuerda.
Botaron al agua el esquife del Dazzler y lo mismo hicieron con el pequeño bote en que habÃan llegado los dos extranjeros.
—Ten cuidado que no alborote ese cachorrillo —ordenó Bill en voz baja, a tiempo que se reunÃa en el bote con su socio.
—¿Sabes remar? —preguntó Frisco Kid cuando entraron en el otro bote.