El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler La borrasca que estuvo a punto de hacer zozobrar al Dazzler fue de corta duración, pero señalaba la crecida del viento, y pronto empezaron a sucederse las ráfagas que llegaban silbando del norte. El viento sacudÃa y azotaba la vela mayor de tal modo que parecÃa que iba a rasgarse. El mar, que ahora estaba muy movido, hacÃa cabecear violentamente al bergantÃn. Todo era confusión; pero Joe, con su escasa experiencia, comprendió que en esta misma confusión reinaba cierto orden. Pudo darse cuenta de que Frisco sabÃa hasta dónde podÃa llegar y por esta causa tenÃa confianza en sà mismo. Estaba tranquilo, muy dueño de sÃ, y maniobraba rápidamente, pero con precaución. No habÃa que descuidarse. Cada arrecife requerÃa toda su atención. PodrÃan ocurrir otros accidentes, pero ni una ráfaga, ni cuarenta se llevarÃan ninguno de aquellos obstáculos.
Mandó a Joe a proa para que le ayudara a extender la vela mayor impulsando el peñol y las drizas de cangreja. Joe, siguiendo las instrucciones de Frisco, arrió el foque y penetró en la cabina para bajar cosa de un pie la sobrequilla. La excitación producida por el esfuerzo alejó de su mente todas las ideas desagradables. A imitación del otro, conservaba su sangre frÃa. HabÃa ejecutado sus órdenes sin titubear y con bastante rapidez. Unidas sus escasas fuerzas, habÃan hecho frente a la Naturaleza impetuosa y conseguido burlarla.