El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Volvió junto a su compañero, que ya empuñaba otra vez el timón, y se sintió orgulloso de él y de sà mismo; y cuando leyó en los ojos de Frisco una muda alabanza, se sonrojó como una doncella ante la primera lisonja. Pero, un momento después, la idea de que aquel muchacho era un ladrón, un vulgar ladrón, volvió a dominarle y retrocedió instintivamente. Toda su vida habÃa estado a cubierto de lo que tiene de ingrato el mundo. En sus lecturas, siempre inmejorables, habÃa encontrado que se premiaba la virtud y la honradez, y se habÃa acostumbrado a mirar con horror el crimen. Por eso se apartó de Frisco y permaneció silencioso. Pero Frisco, entregado con todas sus energÃas a la maniobra del bergantÃn, no tenÃa tiempo para advertir este súbito cambio en el proceder de su compañero.