El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler En su interior Joe experimentaba algo que le sorprendÃa. La idea de que Frisco Kid fuera un ladrón le repugnaba, mientras que aquel muchacho en sà no le era repulsivo. En lugar de evitarle honradamente, sentÃa que habÃa algo que le empujaba hacia él. Sin que pudiera explicarse la causa, comprendÃa que le era simpático. De haber sido un poco mayor, hubiese creÃdo que eran las buenas cualidades del muchacho lo que le atraÃa: su sangre frÃa, la confianza que tenÃa en sà mismo, su valor y cierta bondad y simpatÃa de su carácter. Mas ahora pensó que era su propia ruindad la que le impedÃa aborrecer a Frisco, y, al mismo tiempo que se avergonzaba de su debilidad, le era imposible evitar que aumentara el cariño que animaba su mirada cuando la posaba sobre este pirata singular.
—Acorta dos o tres pies la amarra del bote —ordenó Frisco Kid, que estaba en todo.
La cuerda que remolcaba el esquife era demasiado larga, y la frágil embarcación se quedaba atrás a cada momento, hasta que la tensión de la cuerda la hacÃa avanzar dando tumbos y corriendo peligro de estrellar su proa contra los tamboretes.
Joe trepó por la barandilla del sollado a la resbaladiza cubierta de popa y se dirigió al poste donde estaba atado el esquife.