El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Ya está bien —dijo—. Ni huesos rotos, ni nadie al agua. Más vale perder un bote que un hombre. Además, no debÃa haberte mandado eso. No hay nada perdido. Podemos recogerlo muy bien. Entra y baja un poco más la sobrequilla, un par de pies, y luego sal y haz lo que yo te diga. Pero no te precipites. Maniobra con calma y seguridad.
Joe bajó la sobrequilla y volvió para situarse junto al foque.
—¡Refuerza a sotavento! —gritó Frisco Kid bajando la caña del timón y siguiéndola con el cuerpo—. ¡Suelta! Asà está bien. Ahora a sujetar la vela mayor.
Ayudándose mutuamente, realizaron a la perfección todas las maniobras. Joe comenzó a entusiasmarse con el trabajo. El Dazzler giraba, tumbado sobre un costado como un caballo de carreras, y galopaba impulsado por el viento mientras las velas restallaban con estrépito de granizada.
—¡Baja el foque!
Joe obedeció, y al hincharse la vela de proa le obligó a virar de bordo. Con esta maniobra el camarote de French Pete habÃa pasado de sotaventó a barlovento, y él rodó por el suelo de la cabina, donde permaneció con un estupor de beodo.