El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler En esto le llamaron a desayunar. Descubrió que Frisco Kid era tan buen cocinero como buen marino, y se apresuró a hacer honor a la comida. Había puches de maíz, leche condensada, bistec con patatas fritas y acompañando a todo esto pan francés, mantequilla y café. French Pete no se reunió con ellos a pesar de que Frisco intentó despertarle un par de veces. Gruñó y refunfuñó, abrió a medias los turbios ojos y se echó de nuevo a roncar.
—Imposible saber la duración de estos amodorramientos —explicó Frisco Kid cuando Joe subió a cubierta después de haber lavado los platos—. Hay veces que está así durante un mes seguido; otras, se porta bien una semana entera. En ocasiones se muestra bondadoso, en otras terrible; así que lo mejor es dejarle solo y huir de su presencia. Procura no contrariarle, porque te expondrías a un disgusto… Ven; echémonos a nadar —añadió, pasando bruscamente a otro asunto más agradable—. ¿Sabes nadar?
Joe asintió con la cabeza.
—¿Qué es aquello? —preguntó antes de zambullirse, señalando en la isla una playa resguardada, donde había varios edificios y un gran número de tiendas.