El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Ambos plomos comenzaron juntos el largo descenso, y antes que se detuvieran hubieron de soltar diecisiete pies de cordel. Pero en el mismo instante en que el plomo de Joe tocó el fondo, sintió las desesperadas sacudidas de un pez que habÃa picado. Al empezar a tirar dirigió una mirada a Frisco Kid y vio que él también, por lo visto, habÃa capturado una buena pieza. Se excitaron por ver quién terminaba antes. Braza a braza iban subiendo a bordo los cordeles mojados. Pero Frisco Kid era más experto y su pescado fue el primero en dar tumbos en el sollado. El de Joe siguió un instante después: un bacalao de tres libras. Estaba loco de alegrÃa.
Aquello era magnÃfico, era el mayor pescado que habÃa sacado del agua o visto sacar. Volvieron a sumergir los anzuelos y de nuevo los subieron con dos compañeros de los ya capturados. Era un deporte espléndido. Joe habrÃa continuado hasta vaciar el mar si Frisco Kid no le hubiese persuadido de que debÃa dejarlo.
—Ahora tenemos bastante para tres comidas —dijo—. Por lo tanto, es inútil coger más para que se echen a perder. Además, cuanto más pesques, más tendrás que limpiar. Yo me voy a la cama.