El Hijo del lobo
El Hijo del lobo Puso gran cuidado en impresionar a los hombres de que era un tirador seguro y un cazador poderoso, y el grupo resonó en aplausos cuando abatió un alce a seiscientos metros. Una noche visitó la tienda —hecha con pieles de alce y caribú— del jefe Thling-Tinneh, hablando a lo grande y derrochando tabaco con mano pródiga. No dejó de dispensar parecidos honores al chamán, porque comprendÃa la influencia del curandero sobre su pueblo, y estaba ansioso de hacer de él un aliado. Pero aquella notabilidad se mostraba alta y desdeñosa, rehusaba ser aplacada, y era indudablemente un enemigo en potencia.
Aunque no se presentó ninguna brecha para una entrevista con Zarinska, Mackenzie le robó más de una mirada, dando claras señales de su intención. Y en cuanto ella lo supo, enseguida se rodeó coquetamente con un cinturón de mujeres en cualquier lugar donde estuvieran los hombres y él pudiera tener una chance. Pero él no estaba apurado; además, supo que ella no tendrÃa más remedio que pensar en él, y unos pocos dÃas con tales pensamientos no harÃan sino mejorar su imagen.