El Lobo de mar
El Lobo de mar Recuerdo que pensaba en la comodidad de la división del trabajo, que me ahorraba la necesidad de estudiar las nieblas, los vientos, las mareas y el arte de navegar, para visitar a mi amigo que vivÃa al otro lado de la bahÃa. Estaba bien eso de que se especializaran los hombres, meditaba yo. Los conocimientos peculiares del piloto y del capitán bastaban para muchos miles de personas que entendÃan tanto como yo del mar y sus misterios. Por otra parte, en lugar de dedicar mis energÃas al estudio de una multitud de cosas, las concentraba en unas pocas materias particularmente, tales como, por ejemplo, investigar el lugar que Edgar Poe ocupa en la literatura americana, un ligero ensayo que acababa de publicar el Atlantic, periódico de gran circulación. Al llegar a bordo y entrar en la cabina, sorprendà a un caballero gordo que leÃa el Atlantic, abierto precisamente por la página donde estaba mi ensayo. Y aquà venÃa otra vez la división del trabajo; los conocimientos especiales del piloto y del capitán permitÃan al caballero gordo leer mi especial conocimiento de Poe, mientras le transportaban con toda seguridad desde Sausalito a San Francisco.
