El Valle de la luna
El Valle de la luna —Ya te lo he dicho francamente —prosiguió él—. Si mañana a la noche no vas conmigo alguien resultará lesionado.
—Espero que usted lleve la peor parte —exclamó ella en un tono vengativo.
Él rió y tiró la cabeza hacia atrás, luego expandió su pecho enorme y levantó a medias sus brazos pesados. Ese gesto le hizo recordar con disgusto al enorme gorila que una vez habÃa visto en el circo.
—Bueno, adiós —le dijo él—. Mañana nos veremos en el Germania Hall.
—No le dije que iré al GermanÃa Hall.
—Tampoco me lo negaste. De cualquier manera yo estaré allÃ. Y asimismo te traeré a casa de vuelta. Puedes tener la completa seguridad de que será asÃ. Y tienes que reservarme unas cuantas piezas. Está bien. SÃ, ya sé, ahora estás arisca, pero eso te hace más linda.