El Valle de la luna
El Valle de la luna Se detuvo bruscamente, molesta por sus propias confesiones, pero, sin embargo, sentÃa un deseo irreprimible de contarle a ese joven todo lo que se referÃa a ella, y hasta le parecÃa que esos recuerdos lejanos le pertenecÃan en gran parte a ella misma.
—Hábleme de eso —insistió Billy—. Me gusta que me cuenten de la gente de dÃas ya lejanos. Mi gente vivió las mismas cosas, y en cierto modo creo que aquél fue un mundo mejor que el que vivimos actualmente. Las cosas eran más humanas, más naturales, aunque no sé de qué manera decÃrselo. Pero la verdad es que no puedo entender esta vida de ahora. Por ejemplo, están las uniones obreras, las asociaciones patronales, las huelgas y los tiempos difÃciles, la búsqueda de trabajo y todo lo demás. Antes las cosas no eran asÃ. Todos trabajaban en el campo, cazaban para comer y tenÃan lo suficiente para alimentarse y cuidar de los suyos. Pero ahora hay una confusión que no termino de entender. Quizás sea un tonto, no sé… Pero, de cualquier modo, siga hablándome y cuénteme cosas de su madre.