El Valle de la luna
El Valle de la luna No respondió inmediatamente, y por un instante la muchacha recordó la pesadilla de su última excursión en sulky, el miedo que se había apoderado de ella y que la obligó a saltar del vehículo y a hacer largas millas a pie en medio de la oscuridad, calzada solamente con unos zapatos muy livianos, tropezando a cada instante con los guijarros del camino que la lastimaron muy fácilmente. Y, en seguida, pensó alegremente que el hombre que ahora tenía a su lado no se parecía en nada a los anteriores.
—Los caballos me gustan —dijo Saxon—. Siempre me agradaron más que el baile, aunque no sé nada acerca de ellos. Mi padre montaba un gran caballo ruano. Usted ya sabe que era capitán de caballería. En realidad, nunca le vi, pero puedo imaginarlo perfectamente montado sobre ese gran animal, y con el gran cinturón del cual pendía su espada. Esa espada la tiene en su poder mi hermano George, pero Tom, en cuya casa yo vivo, dice que en realidad me pertenece, ya que él no fue el padre de ellos. Sólo son medio hermanos. Soy hija única del último matrimonio de mi madre. Ése fue el verdadero casamiento de ella, quiero decir… su unión realmente amorosa…