El Valle de la luna
El Valle de la luna —Sà —reconoció con franqueza—, estoy satisfecho de haberlo hecho…, como también de haberlo dejado a tiempo… SÃ, me enseñó muchas cosas… Por ejemplo, a mantener los ojos bien abiertos y la cabeza despejada. Antes tenÃa mi temperamento…, algo realmente especial… A veces me asustaba de mà mismo. Frecuentemente me desataba. Pero el boxeo me enseñó a contenerme y a no hacer cosas de las que después me arrepentirÃa.
—Pero si usted es el hombre de temperamento más amable y tranquilo que he conocido —exclamó Saxon.
—No lo crea. Obsérveme bien y a veces me verá tan nervioso que yo mismo no sé lo que estoy haciendo. ¡Una vez que empiezo, la santa furia se apodera de mÃ!
Esas palabras contenÃan la promesa implÃcita de una relación más prolongada, y eso llenó de gozo a Saxon.
—DÃgame una cosa —le dijo Billy cuando se acercaron a la casa de Saxon— ¿qué hará el domingo que viene?
—Nada. No tengo ningún plan a la vista.
—Bueno, ¿qué le parece si nos pasamos todo el dÃa juntos paseando por la sierra en un vehÃculo?