El Valle de la luna
El Valle de la luna —¿Y ahora qué pasa? —le preguntó ella.
—En el cuello, atrás, ¿cómo diablos me afeitaré all� Tendré que pagarle a un barbero para que lo haga.
Saxon estaba trágicamente consternada, pero su estado de ánimo sólo duró muy poco tiempo. Tomó la brocha en sus manos.
—Siéntate, Billy —le dijo.
—¿Qué…, tú? —le dijo indignado.
—SÃ, yo. Si cualquier barbero puede hacerlo también yo soy capaz.
Billy refunfuñó e hizo unas muecas, como sintiendo lo abyecto de esa humillación, de esa derrota, pero consintió que ella hiciera lo que querÃa.
—Ya está listo, y es un buen trabajo —le dijo ella cuando terminó—. Es tan fácil como hacer caer una viga. Y, además, significa un ahorro de veintiséis dólares al año. Y con eso compraremos la cuna, el cochecito y los pañales del bebé, y montones de cosas más… Y ahora siéntate otro instante.
Le lavó y secó el cuello y lo entalcó[21].
—Eres dulce como una criatura pequeña y limpia, muchacho.
El impacto inesperado de sus labios en el cuello hizo que Billy se moviera lleno de diversos sentimientos, no todos muy agradables.