El Valle de la luna
El Valle de la luna —Eso me parece muy incorrecto —dijo Saxon más entristecida que encolerizada.
—Tu queja debe ser contra el mundo y no contra mà —respondió Mercedes ásperamente, pero en seguida, de pronto, suavizó su tono—. No debemos reñir, querida. Te quiero mucho. Y eso no debe importarte ya que eres joven y fuerte y tienes a tu lado a un muchacho también joven y fuerte. Escucha: soy una mujer vieja. Y el viejo Barry casi no puede hacer nada por mÃ. Se encuentra en las últimas. Tiene los riñones a la miseria. Y tienes que tener en cuenta que debo enterrarlo. Y tengo que rendirle honores, ya que junto a mà dormirá su último sueño, el más largo. Es un viejo tonto que no tiene nada de malo. Ya adquirió y pagó el terreno…, y la última cuota la liquidé en parte con las comisiones que me gané vendiendo tus trabajos. Además están los gastos de pompas fúnebres. Hay que hacerlo todo en forma bonita. Y aún tengo que ahorrar mucho ya que Barry puede estirar las piernas en cualquier momento.
Saxon inhaló el aire para investigar y se dio cuenta de que la vieja habÃa estado bebiendo otra vez.