El Valle de la luna
El Valle de la luna Billy pensaba con acierto. Sospechaba que le iba demasiado bien en comparación con el salario que ganaba. Era imposible que ella pudiera costear el pago de los materiales de fantasía que usaba para su labor, teniendo en cuenta que los depósitos ahorrados habían aumentado, que pagaban puntual y mensualmente los muebles y el alquiler de la casa, que gastaba abiertamente el dinero en la calle, y que comía excelentemente. Varias veces se mostró asombrado por lo que ella hacía, y a veces quedaba confundido ante la sonrisa misteriosa que le dispensaba.
—No puedo comprender cómo consigues hacerlo con ese dinero —insistió una noche.
Abrió la boca para seguir hablando pero la cerró en seguida durante bastante tiempo. Tenía la cara fruncida.
—Dime —le dijo— ¿qué le sucedió a ese precioso gorro para el desayuno que tanto trabajo te costó hacer? Nunca he visto que lo usaras, y creo que seguramente es demasiado grande para la criatura.
Saxon titubeó. Tenía los labios abiertos y le acariciaba con los ojos. Le era difícil no decir siempre la verdad. A Billy le resultaba imposible. Saxon ya podía ver que la nebulosidad de sus ojos comenzaba a hacerse más profunda, y que su cara se endurecía lentamente como acostumbraba hacerlo, sobre todo cuando se sentía inquieto.