El Valle de la luna
El Valle de la luna —Aquà está Carl Hansen —dijo Billy—. Los cronistas alfalfados del deporte le llaman «El segundo Sharkey». Y él se llama a sà mismo el campeón de la Armada de los Estados Unidos. Bueno, le tengo puesto el ojo encima. Es un gran «duro», simplemente. Lo vi pelear y lo podrÃa dormir fácilmente. La secretarÃa del Life Club me ha hecho el ofrecimiento para que lo enfrente. Y hay cien dólares de premio para el ganador. Y serán tuyos y podrás hacer con ellos lo que quieras. ¿Qué dices?
—Si yo no puedo trabajar para ganar dinero, tú tampoco debes pelear —fue el ultimatum que le dio Saxon, pero en seguida se arrepintió—. Pero entre tú y yo no caben los regateos. Y aunque tú me permitieses, yo no consentirÃa que tú peleases. Nunca podré olvidar lo que me dijiste sobre el modo cómo los boxeadores pierden su seda. Bueno, no quiero que eches a perder la que te pertenece. Ya sabes que la mitad de esa seda es mÃa. Si no peleas yo no trabajaré… Y nunca más haré nada que no te guste, Billy.
—De acuerdo —consintió él—. Sin embargo, me muero de ganas de alcanzar la cabeza cuadrada de Hansen —sonrió complacido ante la idea—. Bueno, olvidemos todo y cántame «DÃas de la cosecha», como tú sabes hacerlo.