El Valle de la luna
El Valle de la luna Mary estaba muy encolerizada con su marido ante la inminencia de la huelga y por sus frases incendiarias, y no podía mantener la conversación con Saxon que, perpleja, escuchaba las encontradas opiniones de los hombres.
—¿Dónde estamos? —preguntó ella con una alegría que en realidad ocultaba la angustia de su corazón.
—Ya no estamos —se burló Bert—. Hemos estado.
—Pero la carne y el aceite subieron nuevamente —dijo irritada—. Y el año pasado el salario de Billy fue reducido. Hay que hacer algo.
—Lo único que queda por hacer es pelear hasta el infierno —respondió Bert—. Pelear y seguir peleando. Eso es todo. De cualquier manera estamos liquidados, pero aún podemos intentar alguna posibilidad en procura de nuestro dinero.
—Ésa no es la manera correcta de hablar —intervino Tom.
—El tiempo de hablar ya pasó, viejo gallo. Llegó el momento de pelear.
—No hay ninguna posibilidad frente a las tropas regulares y a las ametralladoras —declaró Billy.
—¡Oh, no de esa manera! Hay grasa que termina con los grandes ruidos y deja hoyos. Existen cosas como el polvo de esmeril, por ejemplo…