El Valle de la luna
El Valle de la luna —Se trata de conseguir gente honrada —dijo Billy—. En eso estriba toda la dificultad… No es que yo sea partidario del socialismo, no. Toda mi gente hace mucho tiempo que está en los Estados Unidos, y yo, por ejemplo, no voy a estar a favor de unos gordos alemanes para que me enseñen cómo hay que manejar al paÃs, cuando ni siquiera saber hablar bien el inglés.
—Tu paÃs —exclamó Bert—, pero, grandÃsimo cabeza dura, tú no tienes paÃs. Ése es un cuento de hadas que inventan los coimeros[27] cada vez que quieren robar algo más.
—Bueno, entonces que no se vote por los coimeros —sostuvo Billy—. Si elegimos hombres honrados recibiremos el mismo trato.
—DesearÃa que viniera a alguna de nuestras asambleas. Billy —dijo Tom con vivacidad—. Si viene abrirá los ojos y entonces votarÃa por los socialistas en la próxima elección.
—Jamás —rechazó Billy—. Si me encuentra en un acto socialista será porque ellos hablan ya como hombres blancos.
Bert tarareaba:
«Ahora vivimos un momento divertido:
El dinero sirve para quemar».