El Valle de la luna

El Valle de la luna

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No has conocido otros tiempos más duros. No te has embrollado por las huelgas. No tuviste que cuidar de una madre anciana y tragar mugre a causa de eso. Sólo después que ella falleció, pude madurar libremente, quedarme o largarme, a mi antojo… Por ejemplo, toma mi caso, cuando entré en la Niles Electric y mira lo que recibe un animal de carga. El Cabeza de Queso me estudió, me hizo un montón de preguntas y me entregó un formulario en blanco para el ingreso. Lo llené, después le pagué un dólar a un médico, al que me mandaron para el certificado de buena salud. Luego me enviaron a un garage donde retrataban y tuve la foto de mi cara…, para la galería de delincuentes de la Niles Electric. Y tuve que pagar otro dólar por eso. El Camisa número uno estudia el formulario, mi certificado de buena salud, la foto, y por último me dispara más preguntas. «¿Pertenece a alguna unión obrera?…». ¿Quién, yo? Le dije la verdad, que no era así. Me hacía falta el empleo. El almacenero ya no nos fiaba más y, además, estaba mi madre. Oh, ya pueden imaginarme convertido en un verdadero carretero. Me hicieron ir detrás de la plataforma, donde me coloqué las camisas de fantasía. Y nada. Dos dólares, por favor… Yo…, mis dos dólares… Y todo por un distintivo de porquería… Y luego venía el uniforme: diecinueve con cincuenta, que en cualquier otra parte se podía conseguir por quince. Pero sucedía que eso sólo podía ser pagado con mi primer sueldo. Y, después, cinco dólares en mis bolsillos que me servían para el cambio, pero de mi propio dinero. Ésa era la regla… Le pedí prestado cinco dólares a Tom Donovan, el vigilante. ¿Y entonces qué sucedió? Me hicieron trabajar durante dos semanas sin pagarme, y recién después me admitieron.


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