El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Oh, querida, ya te respondÃ! Las filosofÃas del mundo no tienen otra respuesta mejor. ¿Por qué te gusta más tu hombre que otro cualquiera por esposo? Porque te agrada, simplemente. ¿Y por qué te agrada? Porque te agrada. ¿Por qué arde el fuego y quema la helada? ¿Por qué hay hombres inteligentes y otros estúpidos, amos y esclavos, patrones y obreros? ¿Por qué lo negro es negro? Responde si tienes la respuesta.
—Pero no está bien que los hombres tengan hambre y estén sin trabajo, cuando en verdad desean trabajar si obtienen un trato correcto —protestó Saxon.
—¡Oh, sÃ, está bien! Es bueno que la piedra no arda como la madera, que la arena del mar no sea azúcar, que las espinas pinchen y que el agua moje, que se eleve el humo, que las cosas caigan hacia abajo y no hacia arriba…
Pero esas palabras, en realidad, no hacÃan ninguna impresión en Saxon. Francamente, ella no comprendÃa. Le parecÃa muy insensato todo eso.
—Entonces es que no tenemos libertad ni independencia —exclamó apasionada—. Entonces ¿un hombre no es igual a otro hombre, y mi criatura no tiene derecho a vivir como la criatura de una madre rica?
—Claro que no —respondió Mercedes.