El Valle de la luna
El Valle de la luna —Yo y usted, Saxon, en la pieza que sigue —fue el saludo de Bert cuando ellos se acercaron—. Tú bailarás con Mary en la vuelta siguiente, Billy.
—No hay nada que hacer —dijo él en respuesta—. Saxon y yo estamos pegados hasta el fin del dÃa.
—Ten cuidado con él, Saxon —dijo Mary, fingiendo seriedad—. Es capaz de triturarte.
—Creo que sé lo que es bueno cuando lo veo —respondió Billy con galanterÃa.
—Lo mismo digo —asintió Saxon, apoyándolo.
—La reconocerÃa hasta en la oscuridad —agregó el joven.
Mary los contemplaba evidentemente alarmada, y Bert dijo bien dispuesto:
—Todo lo que se me ocurre decir, es que ustedes no pierden el tiempo mientras están juntos. Pero si pueden distraer unos cuantos minutos después de dar unas vueltas más, Mary y yo nos sentirÃamos halagados si comen con nosotros.
—Eso, justamente —asintió Mary.
—Déjense de hacer bromas —rió Billy al mismo tiempo que se volvÃa para clavar sus ojos en los de Saxon—. No les preste atención. Lo que sucede es que están fastidiados porque tienen que bailar juntos. Bert es una verdadera calamidad para el baile, y Mary tampoco es gran cosa. Vamos, que ya comienza. Los veremos después de bailar dos piezas.