El Valle de la luna
El Valle de la luna Almorzaron al aire libre en un comedor que tenÃa árboles en vez de paredes, y Saxon observó que Billy pagó por los cuatro. ConocÃan a mucha gente de las otras mesas, y los saludos y las bromas iban y venÃan. Bert parecÃa muy dueño de Mary, hasta llegar a ser casi insolente. Por ejemplo, hacÃa descansar su mano sobre la de ella, y la atrapaba y la retenÃa, y en un momento determinado le arrancó dos anillos que ella tenÃa y durante largo rato se negó a devolvérselos. A veces, cuando le rodeaba la cintura con el brazo, Mary se zafaba rápidamente. En vez, en otras ocasiones, simulaba estar enojada pero le permitÃa abrazarla.
Saxon hablaba poco y observaba muy fijamente a Billy Roberts. Se complacÃa pensando que él harÃa las cosas de una manera muy diferente…, si es que alguna vez tenÃa ocasión de hacerlas. De cualquier manera, nunca molestarÃa a una muchacha del modo como lo hacÃan Bert y muchos otros. Con la mirada trató de medir la amplitud de los hombros de Billy.
—¿Por qué le llaman el «Gran Billy»? —le preguntó ella—. Usted no es tan alto …
—No —asintió él—. Sólo tengo cinco pies, ocho y tres cuartos. Sospecho que debe ser por el peso.
—Pelea con ciento ochenta —interrumpió Bert.