El Valle de la luna
El Valle de la luna —Oh, termina de una buena vez —respondió rápidamente Billy con una mirada que tenÃa una fugaz expresión de desagrado—. No soy pugilista. Hace más de seis meses que no peleo. Lo abandoné. Eso no trae satisfacciones.
—Ganaste doscientos dólares la noche que dejaste mal a «Cuchillo Frisco» —insistió Bert elogiosamente.
—Bueno, basta con eso por ahora… óigame, Saxon, usted no es muy grande, ¿verdad?, pero está hecha exactamente como lo desearÃan todos, Es redondeada y al mismo tiempo delgada. Apuesto a que podrÃa adivinar cuánto pesa.
—Todo el mundo está preocupado con eso —dijo la joven al mismo tiempo que se sentÃa Ãntimamente sorprendida, complacida y pesarosa porque él ya no peleaba más.
—Yo no —respondió él—. Soy como un mago que adivina pesos. MÃreme —la contempló simplemente con mirada de crÃtico, y ella, calurosamente, aprobó con la mirada—. Aguarde un minuto.